El sistema presenta dos configuraciones principales:
- TCE-I: marco aproximado de 3,5 × 1,5 m, equivalente a 1.905 plantas·ha⁻¹. Las ramas principales se conducen horizontalmente mediante alambres, generando un plano vegetal continuo.
- TCE-V: marco de 5 × 1 m, con aproximadamente 2.000 plantas·ha⁻¹. Los árboles se conducen sobre dos planos inclinados opuestos formando una “V”, aumentando la exposición del follaje a la radiación y distribuyendo mejor la superficie productiva.
La idea fundamental es transformar el cítrico tradicional, que normalmente desarrolla una copa tridimensional y aproximadamente globosa, en una estructura vegetal mucho más ordenada.
Las ramas jóvenes se seleccionan, orientan y fijan sobre alambres. La poda mantiene la arquitectura definida y favorece la renovación de la madera productiva. De esta manera se crea una especie de pared vegetal productiva, comparable conceptualmente a los sistemas en espaldera empleados en otros frutales.
Esto permite mejorar la penetración de la luz en el dosel, aumentar la aireación, facilitar la aplicación de tratamientos fitosanitarios y hacer más accesibles las operaciones de poda y recolección.
Papel del invernadero
En las parcelas estudiadas, TCE se desarrolla bajo una estructura tipo “raspa y amagado”, característica de la agricultura mediterránea. Se trata de una estructura relativamente ligera de postes y alambres cubierta con material plástico o malla.
No es un invernadero climatizado convencional: no requiere necesariamente calefacción ni iluminación artificial. Su función principal es proteger y modificar parcialmente el microclima del cultivo.
La cubierta disminuye la velocidad del viento y modera determinadas temperaturas estivales, reduciendo parcialmente la demanda evaporativa. Sin embargo, también intercepta parte de la precipitación, por lo que el sistema depende en mayor medida de un riego localizado y controlado.

